Presentaciones de El Doctor Vértigo y las tentaciones del desequilibrio

No es U2, ¡es El Doctor Vértigo Tour! Estaré presentando mi libro próximamente en Tlaxcala, Cuernavaca, Ciudad de México, Puebla y Oaxaca, por el momento. Aquí la información de las próximas presentaciones:

1 de Junio: Tlaxcala, Museo Miguel N. Lira, 5pm. Presentan Gabriela Conde y Alan Espino.

 

8 de Junio: Cuernavaca, L´arrosoir de Arthur, 7pm. Presentan Liliana Pedroza y Roberto Abad.

 

21 de Junio: Ciudad de México, Casa Xavier Villaurrutia, 7pm. Presentan Marianne Toussaint, Lorel Manzano, Liliana Pedroza y el Doctor Jorge Madrigal Duval.

29 de Junio: Puebla, Casa Nueve, 7pm. Presentan Adriana Alonso Rivera “Niña Santa” y Eduardo Huchín Sosa.

21 de Julio: Oaxaca, La Jícara, 7pm. Presentan Lorena Ventura, Grecia Cuevas y Carlos González Muñiz.

 

Sobre Virginia Woolf

Colecciono caracoles. Es una obsesión elegida. Desde chica noté el afán de muchos coleccionistas y sentía cierta envidia por la manera en la que atesoraban diversas formas de un mismo objeto, animal o cosa, dándoles grandes atributos y significados. Muchos coleccionan elefantes, gatos, cajas de música o tarjetas postales. Pero yo no encontré algo que apelara a mí de manera auténtica hasta que leí The Mark on the Wall, La marca en la pared, de Virginia Woolf, donde la narradora nos lleva a través de sus pensamientos mientras contempla frente a ella una misteriosa marca en la pared que resulta ser, nos enteramos al final del cuento, un caracol. El caracol se vuelve, en la obra de Virginia Woolf, el símbolo del paso del tiempo, el reloj con el que los personajes marcan el ritmo de sus pensamientos y una especie de hilo de Ariadna que nos ata al mundo material y del cual podemos tirar para salir de vez en cuando del laberinto de la mente. Y desde entonces tengo caracoles aquí y allá en mi casa, para ayudarme a detener mis pensamientos de vez en cuando gracias a su materialidad, a su naturaleza lenta y simple que ayuda a entender y recordar la forma en que funciona nuestra mente: “con qué rapidez”, dice Virginia, “nuestros pensamientos se mueven alrededor de un objeto, lo levantan y lo llevan a cuestas por un tramo como una hormiga levanta una ramita con gran vehemencia, y después la deja…”

Se dice que uno nunca olvida el primer texto que lee de un autor y este breve cuento fue lo primero que leí de la Woolf, un texto corto y sencillo, reciente, considerando su trayectoria, que encierra para mí toda su obra. Pienso que Virginia me enseñó a pensar, a seguir el flujo de conciencia sin avergonzarme de mis pensamientos por desordenados que parecieran, me enseñó a escribir también, a darme todas las libertades que quiera al hacerlo, a apreciar cada digresión y aferrarme a la forma para darle un sentido y un lugar en el texto. Es un juego de hilar cuentitas, la narrativa de Virginia, un juego de unir los puntos hasta formar una estructura perfecta. Y no es poca cosa esto de aprender a pensar, en un mundo que cada vez parece más perezoso en lo que respecta a lo intelectual y al pensamiento, en un panorama político donde la verdad es constantemente negada, asesinada, aplastada.

Cada vez que vuelvo al cuento La marca en la pared y a la obra de Virginia en general descubro y redescubro su actualidad, lo mucho que me acompaña en la vida cotidiana. Pienso en ella cuando viajo en metro, en la línea 7, la más alejada de la superficie, sus palabras resuenan en mi mente diciendo, “¿Por qué si uno debe comparar la vida con algo uno tiene que asemejarla a ser arrojada en el metro a cincuenta millas por hora, y llegar al otro lado de súbito, despeinado, tirado a los pies de Dios, totalmente desnudo?”

Los argumentos y explicaciones de Woolf me acompañan también y me defienden cuando justifico mi necesidad de un espacio privado donde escribir y componer, aunque sea minúsculo, y he pensado que es el libro que necesitan algunas de mis amigas que no comprenden por qué, aunque vivo feliz con mi pareja, insisto en tener un cuarto propio donde pueda aislarme de todos para poder continuar con mi labor, para dar rienda suelta a mi flujo de conciencia, que es de donde surgen los textos y las composiciones, las ideas que no comparto con nadie hasta que están plasmadas intencionalmente en el ámbito del arte. Recientemente, estando fuera de mi país, volví a leer Three guineas, Tres guineas, un ensayo anti-fascista, dirigido a Hitler en ese entonces, pero que bien pudiera haber sido escrito para Trump y sus secuaces hoy en día; reafirmé la actualidad de las ideas de Woolf respecto a la condición de las mujeres frente al gobierno, me sentí acompañada en la forma en que reniega de todo nacionalismo, pues si se es mujer, ¿qué ha hecho realmente una nación por nosotras para protegernos y darnos condiciones dignas? Virginia concluye que prefiere ser considerada ciudadana del mundo. Unos días después de reflexionar sobre este texto pensé que no es precisamente el más popular de sus libros y que sería bueno promoverlo y releerlo en la actualidad; cual fuera mi sorpresa cuando al asistir en Nueva York a la huelga internacional de las mujeres, descubrí entre la multitud un cartel con una cita directa del texto: “Por gran parte de la historia, anónimo fue una mujer”. Me sentí una vez más acompañada por la Woolf pero también por colegas lectoras, con las mismas obsesiones y preocupaciones que yo, respecto a la mujer y la guerra, la migración y el dinero, la propiedad privada y los derechos civiles. Como para sentirme aun más acompañada aquel día de la protesta en Washington Square, cuando menos lo esperaba, una chica levantó justo frente a mí otro letrero de su propia autoría que decía “Orgullosa de ser inmigrante y mujer.”

También encuentro a Virginia en lugares tal vez más triviales, en los souvenirs de librerías: una Virginia de papel que mira su reloj con atención. Pienso a veces que si ella viviera en la actualidad con su posición económica bastante acomodada, tal vez hubiera gustado de un moderno reloj para medir con precisión los segundos y al mismo tiempo dejarse arrastrar por sus divagaciones navegando en Google o en Facebook; sospecho que habría sido una famosa Twittera, incontenible, inconforme, una activista de blog incitando a la crítica siempre, a la discusión, pues a pesar de su condición de privilegio, era conciente y sabía exponer y denunciar las debilidades del sistema y de ella misma.

La Señora Dalloway es prueba de esta autocrítica, de esta conciencia de un amplio panorama social que en unas mismas cuadras encerraba a todo tipo de personajes con preocupaciones profundas y banales, con los horrores de la guerra en la mente o las nimiedades de la aristocracia de Londres. Confieso que me causa profunda tristeza leer Mrs Dalloway, porque siento y presiento en el personaje Septimus el final trágico de Virginia, quien no fue a la guerra ni padecía shock postraumático, pero fue incapaz de sobrevivir al descontrol de sus pensamientos y decidió finalmente que la muerte era su única opción. Algunos dicen ahora que padecía trastorno bipolar o un tipo de esquizofrenia. Un profesor de letras inglesas, Colin White, nos decía que él pensaba también que Woolf creía que Hitler ganaría la guerra y esto contribuyó a hundirla en la desesperanza.

Me entristece a veces también darme cuenta de que Woolf, como muchos clásicos, es más famosa por su suicidio que por sus libros, muchos han escuchado hablar de que estaba loca, de que se ahogó en un río llenándose antes de piedras los bolsillos; algunos han visto quizás a Nicole Kidman representándola en la película Las horas, una reescritura de Mrs. Dalloway. Pero pocos han leído con atención su obra, infinita, revitalizante, actual. Les deseo a todos conocer ese gusto, ir a su encuentro en sus cuentos, novelas, diarios, resucitar a Woolf con el acto de leerla, ya que cuando uno la lee, aprende la belleza de las digresiones del pensamiento, aprende incluso a no avergonzarse de ellas, a seguirlas cautelosamente como se sigue a un caracol en la pared.

 

Virginia Woolf toma el Palacio de Bellas Artes, México

Como parte del ciclo Lo joven y lo clásico, me invitaron a dar esta conferencia donde yo seré lo joven y Virginia Woolf será lo clásico. Será un buen pretexto para hablar de mis obsesiones con los caracoles, el flujo de conciencia, el movimiento de las mujeres en USA y la actualidad del feminismo de Woolf. La cita es este miércoles 24 a las 19horas en la Sala Adamo Boari, Palacio de Bellas Artes.

Aquí la páginad el INBA.

 

 

Lanzamiento de El Doctor Vértigo en Word Up Bookstore

¿Alguna vez te has levantado de la cama y sentido que todo da vueltas alrededor? ¿Has sufrido de vértigo, mareo o trastornos del equilibrio?

 

Este próximo miércoles 10 de mayo será el lanzamiento de El Doctor Vértigo y las tentaciones del desequilibrio en la maravillosa librería Word Up (2113 Amsterdam Avenue, Nueva York 10032) a las 6:30pm. Me acompañan la periodista chilena Pepa Valenzuela y el poeta venezolano Juan Luis Landaeta. Además tendremos una participación virtual del especialista en vértigo, mareo y trastornos del equilibrio, el doctor Jorge Madrigal Duval, desde México.

Pepa Valenzuela es periodista, escritora, columnista y profesora de narrativa en la Universidad Diego Portales. Ha ganado tres veces el Premio Lorenzo Natali de la Comisión Europea por periodismo que defiende la democracia y los derechos humanos y un reconocimiento de Naciones Unidas en conjunto con la agencia de noticias SIP. Es autora del libro autobiográfico editado por El Mercurio Aguilar, Un Lugar en la Tierra, Viaje desde el Maltrato Emocional (2013) y Papito Corazón (Ediciones B, 2015). Lean más de ella aquí en su blog.

Juan Luis Landaeta nació el 29 de diciembre de 1988 en Caracas. Se graduó de Abogado en 2013 en la UCAB. Es Editor Asociado de ViceVersa Magazine en Nueva York. En 2008 resultó ganador del I Concurso de Poesía y Cuento de la Escuela de Derecho de la UCAB con “Comercio Carnal”. En 2009 recibió una Mención de  Honor en el III Premio Nacional Universitario de Literatura por el libro “Destino del Viento”. En 2011 con el libro “La conocida herencia de las formas” recibe una mención especial en el I Premio Nacional de Poesía Eugenio Montejo.  Ha publicado los títulos: “Litoral Central” (Sudaquia Editores, 2015) y “La conocida herencia de las formas” (Editorial Igneo, 2016). Más de él en ViceVersa.

El Dr. Jorge Madrigal Duval

es fundador y director médico del Centro de Vértigo y Mareo, es médico cirujano egresado de la Universidad Anáhuac, con especialidad en otorrinolaringología.

Desde su residencia estuvo siempre interesado en el tratamiento de los pacientes con vértigo y mareo. Una vez egresado continuó su especialización en rehabilitación vestibular y manejo de pacientes con trastornos del equilibrio en el Center for Dizziness and Balance Disorders de la Universidad de Emory en Atlanta, GA., Estados Unidos, bajo la tutela del Dr. Ronald Tusa y de la Dra. Susan Herdman, ambos autoridades mundiales en la investigación y rehabilitación de pacientes con vértigo.

Es el primer médico mexicano en recibir la certificación por la American Physical Therapy Association en rehabilitación vestibular.

#PoetryFighters en el Instituto Cervantes y en el Bowery Poetry Club

Gracias a los nuevos amigos de la ciudad de Vigo, PoetryFighters, por invitarme a este festival. Compuse algo especialmente para esto porque soy enemiga de poner música de background cuando se lee poesía, sólo funciona si hay una dependencia entre la música y la letra, una intencionalidad, y ninguna de las dos funciona si se separan. Al parecer fue un éxito y el comienzo de un nuevo proyecto. La pieza se llamó “Vuelta de paseo”, en referencia al primer poema de García Lorca de “Poeta en Nueva York”; también estuvo presente en este experimento otra poeta de Andalucía, Carmen Inda, que me presentó a los PoetryFighters. ¡Que viva Andalucía, Galicia y toda España!

All the Women Against the President

The Women´s Strike is on its way. It´s set for March 8th, International Women´s Day. I took music and literature classes in the Triangle Shirtwaist Factory building, the place where that disastrous fire took place taking the lives of scores of immigrant working women: it is one of the events that is commemorated on Women´s Day, although the date is not exact. Students from all nations walk between those floors, many of them probably don’t know that those events occurred on that very same spot.

This country has never seen a general strike, though there have been some attempts to organize one. But never before has a social movement jumped over so many differences: generational gaps, race, religion, social status. The Women´s March, on January 21st, was a demonstration not only of power, but of unity with no precedent. Muslims and Jews, atheists and Christians, young and old from all races, men and women from all over the country took to the streets totaling more than 400 simultaneous marches. At the end of the day, there were zero arrests. My favorite sign was one that became popular thanks to a picture that shows with humor and acceptance the absurdity of our moment: “I can´t believe I still have to protest this fucking shit”, held by an elderly woman who smiles with irony. “I´m so angry I made a sign”, said another one. The outrageous recording of the president talking proudly about his sexual assaults found an answer in “This Pussy Grabs Back!” The squares were full of women who screamed “My body! My choice!” while the men replied “Her body! Her choice!” in reference to the atrocious agenda that will endanger our options regarding birth control.

Without intending to, Trump has awakened a movement that unified a very wide sector of USA society. Neither the movement against Vietnam War nor the civil rights movement had been able to bring together so many people divided by so many social differences. Now it is the majority, outraged by the lack of respect for its vote and its taxes, by the neglected environmental problems, by the attacks on the human rights of immigrants, Muslims, Afro-Americans, Mexicans, by the general corruption and incompetence. But the outraged-number-one are women. The fact that a sexual harasser made it to the presidency – and took the seat of she who could have been the first woman president, questionable and unpopular as she was – has caused more indignation than expected. The Women´s March has set a tight and radical agenda, giving no break to the Trump administration. They are also on the task of rethinking and recalibrating feminism, turning it into a weapon not only against sexism, but in a more general way, against Neoliberalism and its apocalypse horsemen: social inequality, systematic destruction of the environment, tyranny of corporations.

I believe something good will come out of this, something will change. These moments are the kind that write our history, and enthusiasm is the right response from someone aware of its transcendence. On the day that CNN released the news about the Russian involvement in Trump´s campaign, we all listened at the end of our training at the Shaolin Temple, and we celebrated the vague possibility of impeachment. I heard a teenager say, “I´m very excited to live here and during this time.”

At my university, an Afro American student dresses every day with her Black Lives Matter shirt, or Stop Shooting Us shirt. On Halloween, she disguised herself as someone murdered by the police, with a perfectly made-up bullet hole in her forehead which made me jump every time I turned to look at her. Another student originally from India dressed in her traditional dress on the day when university students organized a walkout in support of immigrants; it was her way of telling her Republican neighbors on Long Island that when they are talking about immigrants they are talking about her. Another student got arrested at one of the marches. We all were worried for her, but the next day she looked pretty relaxed and said in her record it wouldn’t be more serious than a traffic ticket.

I know going out to the protests and risking arrest is not for everyone. My part-time roommate trains dogs, she has a nice rent-stabilized apartment in the East Village, and my guess is she´s not crazy about marching in the streets; but her unique way to express her indignation about the current situation was to make dozens of dispensable bags for dog shit with the face of Donald Trump: #DumpTrump. In Mexico, one of my aunts had an almost opposite, conciliatory gesture: she went to the USA Embassy and hung a sign that said, “…and for the one who builds a wall against a friend, I´ll plant no thistles or nettles: a white rose I will plant”. The original is José Martí´s, and even the cops who guarded the embassy understood the poetic act and wanted to take pictures of themselves with the sign. To some, these all may seem like pointless gestures, but the point is to do something, even if it´s a small thing, for as Susan Sontag wrote, doing nothing, living in lethargic impotence, will eventually turn into frustration and apathy.

And those conquered without remedy by apathy and individualism will always be present, they will grow indignant if we disturb their agenda, full only of themselves. During one of the marches on 5th Avenue, close to the Trump Tower, a woman with many plastic surgeries, a fancy coat and shopping bags in hand screamed at us, enraged, “Get down from your ivory tower!” I can´t even imagine where she heard the phrase, and what made her think that the right moment to howl it was at the underpaid Hispanic crowd that we were: #Lady Ivory Tower. A Latina online insists that she´s not scandalized by the recording in which Trump insults women, she has real self esteem, Trump doesn’t intimidate her: and that´s exactly why she voted for him: #LadySelfEsteem. An arrogant bloviator writes in a newspaper about how much current feminism makes her yawn, same as those pasteboard marches that are so far below her intellect, and besides they just ruined her family dinner: #LadyYawn. I refuse to call these women “victims”, as some branches of feminism, more generous than me, would diagnose. To me they are just mercenaries, conformists. My immediate reaction to these ladies is always the same: I freeze, I cannot believe they exist; but that says something about my privileges, too – I consider that the biggest one of them all is to be surrounded everyday by intelligent, admirable, supportive women. Sometimes I even want to believe that even if it´s not all of us, there are still more of us.

At times when an overwhelming pessimism has been my everyday mood, I have no idea where these optimistic thoughts came from. Deep inside, I believe we will put up with Trump and his henchmen for four long years, and the damages will be irreparable: for the environment, for immigrants, for women. The setbacks will be devastating and the protests will continue for the same basic demands as always, because Trump supporters will keep saying that is better to have a president who is a billionaire, with a top model for a third wife, someone they can have a beer with instead of a damn know-it-all, or worse, a woman. The incidents will continue. Just a few days after the election, while walking down a lonely street, a man kept screaming behind me like a lunatic, “Donald Trump is president! All women are bitches!” I just waited cautiously and let him pass me by. A few blocks away from the Shaolin Temple, two skinheads stabbed two anti-fascists outside a bar. Close to home, somebody wrote on a piece of cardboard, “Jews belong in the oven”. On a subway line, somebody covered a car in swastikas written with sharpies, but someone posted on Facebook that other passengers put themselves to erasing them quickly with hand sanitizer. For sometimes it´s just about that, about not letting them have the last word, about insisting on our idea of a more dignified world and not losing it from sight. The Women´s Strike will be another way to insist on that, it will come and pass, maybe as an historical event in the social struggle, maybe just as another protest more or less well accomplished. Personally, I know I will keep fluctuating and some days I will embrace the most idealistic, impossible #LoveTrumpsHate, and some other days it will be that other message full of indignation and tiredness, but equally valid and nonconformist: I can´t believe I still have to protest this fucking shit.

New York, 2017

Todas contra el presidente

La huelga de las mujeres está en camino. La fecha será el 8 de marzo, el Día de la Mujer. Tomé clases de literatura y de música en el edificio del incidente del Triangle Shirtwaist Factory Fire, el incendio donde murieron las mujeres inmigrantes que trabajaban para la fábrica de ropa: uno de los eventos que se conmemora en esa fecha, aunque el día no sea el exacto. Estudiantes de todas nacionalidades suben y bajan por esos pasillos, muchos sin saber que esos acontecimientos ocurrieron ahí.

Este país nunca ha visto una huelga general, aunque ha habido varios intentos fallidos por organizarla. Pero nunca antes un movimiento había librado, como con salto olímpico, la brecha generacional, las diferencias de raza y religión, de posición social. La Marcha de las Mujeres el 21 de enero no sólo fue una muestra de poder sino de unidad sin precedentes. Musulmanes y judíos, ateos y cristianos, jóvenes y viejos de todas las razas. Hombres y mujeres. En todo el país, las multitudes salieron a las calles sumando más de 400 marchas simultaneas. Al final del día, dejaron un saldo de 0 arrestos. Mi cartel favorito fue uno que muy acertadamente se volvió popular gracias a una foto que expresa el humor y la aceptación de lo absurdo de nuestro presente: I can´t believe I still have to protest this fucking shit, sostenido por una anciana que sonríe con ironía. “Estoy tan enojada que hice un cartel,” fue otro. La denigrante grabación del presidente hablando orgulloso de sus acosos encontró una respuesta en This Pussy Grabs Back. Las plazas se llenaron de mujeres que gritaban My body! My choice! mientras los hombres respondían Her body! Her choice! en referencia a las abominables políticas que afectarán nuestras decisiones de control de natalidad.

El movimiento que despertó Trump sin quererlo unificó a un amplio sector de la sociedad estadounidense. Ni los movimientos contra la guerra de Vietnam, ni por los derechos civiles habían logrado dejar atrás tantas diferencias. Ahora es la mayoría enfurecida por la falta de respeto a su voto y a sus impuestos, por la negligencia respecto al apremiante problema ambiental, por los atropellos a los derechos de los inmigrantes, por la criminalización de los mexicanos, musulmanes, afroamericanos, por la corrupción y la incompetencia. Pero la delantera en la indignación la llevan las mujeres. El hecho de que un acosador sexual haya ascendido a presidente, arrebatándole el lugar a quien pudo ser la primera presidenta de USA, por demás impopular y cuestionable, ha indignado más de lo que en inicio se esperaba. Y el movimiento de Women´s March se ha propuesto una agenda radical y apretada, no han dado descanso a la administración de Trump. Se ha propuesto también repensar y recalibrar el feminismo, volverlo un arma no solo contra el machismo sino de manera más general, contra el neoliberalismo y sus jinetes del Apocalipsis: la desigualdad social, la destrucción sistemática del medio ambiente, la tiranía de las empresas.

Pienso que algo bueno saldrá de todo esto, algo cambiará. Estos momentos son los que escriben la historia y el entusiasmo es la reacción normal para una persona que comprende su trascendencia. El día en que las noticias sobre la cercanía de la influencia rusa en la campaña de Trump aparecieron en CNN, todos escuchamos al final de la práctica de kung fu, en el Shaolin Temple, y festejamos por la vaga posibilidad del impeachment. Yo escuché decir a una adolescente, “estoy muy emocionada de vivir aquí y en estos tiempos”.

En la universidad, una alumna afroamericana se viste todos los días con su playera de BlackLivesMatter, o Stop Shooting Us; en Halloween, se disfrazó de asesinada por la policía, con un balazo tan perfectamente maquillado en la frente que cada vez que entraba alguien nuevo al salón se asustaba al verla. Otra alumna, originaria de India, llegó en traje tradicional el día en que la universidad se manifestó en apoyo a los inmigrantes; fue su forma de recordarle a sus vecinos republicanos de Long Island que, aunque ella tenga una buena posición económica, cuando están hablando de inmigrantes están hablando también de ella. Otra más de mis alumnas fue arrestada en una de las marchas. Todos nos preocupamos, pero ella llegó al día siguiente y sólo dijo que en su expediente no sería más grave que una multa por conducir mal.

Salir a las calles y arriesgarse a los arrestos no es para todos. Mi compañera de estudio es entrenadora de perros, tiene renta estabilizada en un lindo apartamento en East Village y sospecho que no es de las que sale muy seguido a protestar, pero su muy particular forma de traducir su indignación fue mandar a hacer cientos de bolsitas desechables para la mierda de perro con la cara de Donald Trump: La mierda en su lugar. En México, una de mis tías, en un gesto casi opuesto, conciliador, colgó en las rejas de la embajada estadounidense una manta que decía: “…y para aquel que levanta un muro contra el amigo, cardo ni ortiga cultivo, cultivo una rosa blanca”. Incluso los policías que custodiaban la embajada entendieron el acto poético y querían sacarse fotos con la manta. A muchos les parecerán gestos inútiles, pero lo importante es hacer algo, por mínimo que sea, porque como escribió Sontag, no hacer nada, permanecer en el letargo de la impotencia, se transformará a la larga en frustración y en apatía.

Y aquellos conquistados irremediablemente por la apatía y el individualismo siempre estarán presentes, se indignarán si perturban su agenda, tan llena sólo de sí mismos. En una de las marchas por la Quinta Avenida, muy cerca de la Trump Tower, una rubia de cirugía plástica, abrigo elegante y bolsas de compras en mano nos grita enfurecida, “¡Bájense ya de su torre de marfil!” No puedo ni imaginar dónde escuchó la frase ni qué le hizo pensar que el momento correcto para vociferarla era ante el montón de hispanohablantes asalariados que somos nosotros. LadyTorredeMarfil. Una latina en línea insiste en que ella no se escandaliza por la grabación donde Trump insulta a las mujeres, ella sí que se valora a sí misma, tiene una alta autoestima y Trump no la intimida: precisamente por eso decidió votar por él. LadyAutoestima. Una opinóloga arrogante escribe en un periódico lo mucho que le aburre el feminismo actual y esas marchas de cartulina, tan por debajo de su intelecto, además le han arruinado su cena en familia. LadyBostezo. Me niego a llamar víctimas a mujeres así, como algunas ramas del feminismo, más generosas que yo, diagnosticarían. Para mí son mercenarias, conformistas. Mi reacción inmediata ante estas ladies siempre es la misma: me dejan congelada, no puedo creer que existan, pero eso habla también de mis privilegios, de los cuales creo que el mayor es estar rodeada cada día de mujeres inteligentes, admirables, solidarias. A veces quiero creer también que, aunque no somos todas, somos más.

En tiempos en que un pesimismo abrumador ha sido mi cotidianidad no sé cómo pude llegar a estas reflexiones tan arrebatadamente optimistas. En el fondo, creo que aguantaremos a Trump y a sus secuaces por cuatro largos años y los daños en muchos aspectos serán irreparables: para el medio ambiente, para los inmigrantes, para las mujeres. El retroceso será devastador y las marchas continuarán por las mismas peticiones básicas de siempre porque los Trumpistas seguirán diciendo que es mejor un presidente millonario, con una tercera esposa modelo, alguien con quien puedan tomarse una cerveza y no un maldito sabelotodo o, peor, una mujer. Los incidentes continuarán. Unos días después de la toma de poder, en una calle solitaria, un hombre gritaba detrás de mí como un lunático, “Donald Trump is president! All women are bitches!”, yo esperé con cautela y dejé que pasara de largo. Apenas hace seis días, un par de skin heads acuchillaron a dos antifascistas a unas cuadras del Shaolin Temple. Casi a la vuelta de mi casa, alguien escribió en unas cajas en la banqueta, los judíos pertenecen al horno. En una línea del metro, alguien tapizó las ventanas con suásticas escritas con plumón indeleble, pero en Facebook alguien reportó que los pasajeros se dieron a la tarea de borrarlas lo más rápido posible con limpiador de alcohol para manos. Porque tal vez a veces se trata sólo de eso, de no permitir que ellos tengan la última palabra, de insistir en nuestra idea de un mundo más digno y no perderlo de vista. El Women´s Strike será una forma más de insistir, llegará y pasará, tal vez como un éxito histórico en las luchas sociales, tal vez como una más de las protestas más o menos logradas. En lo personal, sé que continuaré oscilando y unos días me entregaré a la consigna más optimista, al idílico pero imposible LoveTrumpsHate, y otros días el pesimismo abrumador me hará volver a esa otra consigna cargada de fastidio e indignación pero igualmente válida y sobre todo inconforme: I can´t believe I still have to protest this fucking shit.

Nueva York, 2017