El Doctor Vértigo

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Uno de los problemas que el Doctor Vértigo enfrenta al diagnosticar es que cualquier persona que lleve demasiado tiempo con vértigo de cualquier tipo, desarrollará ansiedad debido a lo alterante de este padecer, así que muchos pacientes pueden haber iniciado con algún problema vestibular y acabar en cuadros de ansiedad aguda debido a este continuo dar vueltas. Algunos más, acaban por achacar problemas psicológicos a los estragos de la ansiedad o a otros males del vértigo.

“Un paciente me llamó un día y me dijo: doctor, tengo una pistola cargada y pienso volarme la cabeza si usted no sabe cómo quitarme el vértigo”. El paciente, miembro de la Secretaría de Relaciones Exteriores, llevaba más de tres años viviendo en el Medio Oriente, presenciando asesinatos, bombazos y otros horrores; a sus más de cuarenta años, llegó con su mamá a la cita y cuando ella salió a contestar una llamada, el buen diplomático volvió a su advertencia sobre la pistola cargada en casa. El diagnóstico resultó ser una neuritis vestibular, “da un vértigo espantoso que puede durar tres días constantes”, y entre las secuelas, si no hay rehabilitación adecuada, puede suceder que cuando se mueve bruscamente la cabeza todo el campo visual se mueve también. La rehabilitación mejoró en mucho a este paciente y decidió olvidarse de la pistola, al menos hasta donde el Doctor Vértigo llegó a saber. “Ya después, creo, demandó a la Secretaría de Relaciones Exteriores por daños psicológicos.”

Un marinero llegó a consulta con el Doctor Vértigo, acompañado de su esposa y sus dos hijos. Llevaba cuarenta años con un daño vestibular bilateral, esto significa que ambos oídos estaban dañados irreparablemente. Cuarenta años con un daño bilateral es demasiado tiempo en el mundo del vértigo. Sin embargo, el paciente parecía no estar alterado en absoluto. Este marinero parecía en perfectas condiciones. Los que parecían más alterados eran sus familiares, que lo sostenían del brazo y actuaban como quien regaña a un niño que ha hecho una misma travesura demasiadas veces…

 

Una reseña de El Doctor Vértigo, La escritura antes y después del vértigo, por Roberto Abad.